"España
camisa blanca de mi esperanza...", de mi anhelo: no de la Aguirre,
cantaba -cucú- la rana. Más que a la del blancor debería haberle cantado
a la de fuerza, porque esto no es un país: es un frenopático en toda
regla. Canta, chicharra, que canto monta, monta canto. Canta... Mañanas.
Hoy,
lo primero que oigo en una tertulia -por llamar generosamente de alguna
manera a lo que no es más que una simple catequesis de adoctrinamiento-
versa sobre la transparencia. Uno, servidor, no ve mal eso de las
transparencias; sobre todo de aquellas que no terminan de velar
enamoradoras turgencias y otros riesgos. Aunque la transparencia que
digo, no es de esas, de las sugerentes, de las "frívolas", sino de las
que son más falsas que un beso de Judas.
Los
señores políticos han tenido a bien publicar (por enésima vez, creo)
sus patrimonios en un alarde de honestidad. Resulta, que vistos los
datos, el que más ha ingresado (no sé si de todos los próceres o sólo de
los dirigentes) a la hacienda pública -esa, sí, de la que se escaquean
los ricos, los políticos y otros seres- es un tal Pablo Iglesias. A la
zaga le va un hombre llamado Rivera y de lejos, a bastante distancia,
mister -apócope, válgame, de misterio- Rajoy y ese chico tan majo del
PSOE, el Sánchez y Apellido-Compuesto.
Ayer,
de la mano de la noticia me vino la certeza de que los supositorios del
periodismo pijoflauta en sus comentarios de hoy irían dirigidos, sin
género de dudas, a emponzoñar el ruedo ibérico con interpretaciones
sesgadas del asunto. "¡Eh, que aquí hay chicha!" Y todos a una con el
"¡Anda, mira el Coletas, el que va de pobre!" Y tal y tal. Eso para
omitir, por ejemplo, la perspectiva lógica más elemental: Puesto que es
quien más ha declarado, puede -y sólo digo "puede"- que sea el más
honesto en una hipotética pirámide crematística de Maslow. Porque,
¿quién se cree -de verdad- que Rajoy sólo tiene, con un patrimonio (el
no oculto) de más un millón de euracos más lo que le damos por la jeró,
21.000 napos de vellón en cuenta? Con eso no tiene ni para pagar tres
mensualidades del colegio de sus hijos: menuda ruina. Vamos, que eso no
se lo cree ni Pánfilo redivivo. Canta de lejos, a la legua; cante jondo.
Por eso le cuadra más y mejor, a mi precario entender, mister Rajoy.
En
este país póstumo de caúmenes escurridos nos conformamos con que otros
nos digan qué razonamientos son los aceptables y ahí nos las den todas:
la razón de la sinrazón que no sé qué y todo eso...
Conclusión
(la mía): de transparencia, ni la aproximación. Otra chanza más, otra
mentira plus de nuestros señores diputados; de la mayor parte de ellos.
Y
todo porque la cosa anda revueltilla en las Cortes de los Mil(on)agros y
necesitan presentarse en los próximos comicios como auténticos dechados
de virtud inmaculada, como seres sin mancilla para catapultarse, otra
vez, al poder.
Porque
ellos, gracias a nosotros, a nuestra estulticia, son quienes pueden
poder y pueden y nos pueden. Nosotros, pobres, infames mortales paganos,
hemos de conformamos con poder querer de tanto querer poder. Así son
las cosas del querer... y no poder.
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